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Cómo hacer un menú QR para tu local (gratis y en 10 minutos)

5 min de lectura

Las tres formas de tener un menú con código QR, cuál aguanta el uso real y cuál se te rompe en dos semanas. Con los cinco errores que hacen que un QR termine tapado con cinta.

Cambiás un precio y tenés que reimprimir. Se te acaba un plato y lo tachás con birome. Alguien pide la carta en inglés y le acercás la misma hoja plastificada. La carta impresa funcionó treinta años, pero hoy trabaja en contra: cuesta plata cada vez que algo cambia, y lo que cambia en Argentina es el precio.

El menú QR resuelve eso. Es un cartelito con un código: el cliente lo escanea con la cámara del celular, se le abre tu carta y listo. Cuando subís el café, lo cambiás una vez y queda cambiado en todas las mesas.

La parte que casi nadie cuenta es que hay tres maneras de hacerlo, dos son gratis, y una sola aguanta el uso real. Vamos por partes.

Opción 1: el PDF en Google Drive (gratis, y la que más se rompe)

Es la más común: subís el PDF de tu carta a Drive, generás un QR gratis con cualquier página y lo pegás en la mesa.

Funciona el primer día. Después empiezan los problemas:

  • En el celular se lee mal. Un PDF pensado para una hoja A4 obliga a hacer zoom y a moverse con dos dedos para leer un precio. En una mesa con hambre, eso es un cliente que cierra y le pregunta al mozo.
  • Se descarga en vez de abrirse. Según el celular, el PDF arranca una descarga y ahí ya perdiste a la mitad.
  • El link se rompe. Si movés el archivo de carpeta, cambiás el permiso o lo reemplazás por la versión nueva, el QR impreso queda apuntando a la nada. Y el QR ya está impreso en veinte mesas.
  • Google no lo lee como tu carta. Un PDF suelto en Drive no posiciona: si alguien busca tu local, no aparece tu menú.

Sirve para salir del paso una semana. No para el año.

Opción 2: la foto en Instagram o un Linktree (gratis, pero no es una carta)

Un link en la bio con las fotos de la lista de precios. Es gratis y lo tenés hoy.

El problema es el mismo de siempre: la información queda vieja. Actualizás la foto, pero la vieja sigue circulando en los guardados y en los chats. Y no hay forma de marcar que un plato se terminó, ni de que el cliente pida desde ahí. Es una vidriera, no una carta.

Opción 3: una carta digital de verdad (la que aguanta)

Es una página web propia, con tu link, hecha para el celular: categorías, fotos, precios que editás desde el teléfono, productos que marcás sin stock cuando se terminan. El QR apunta siempre al mismo lugar, así que el cartel impreso no se vence nunca.

Acá sí se paga algo, aunque casi todas tienen prueba gratis. La diferencia con las dos anteriores no es estética: es que esta se banca que la uses todos los días.

PDF en DriveFoto en InstagramCarta digital
Cambiar un precioReemplazar el archivoSubir otra fotoUn toque desde el celular
Marcar algo sin stockNoNo
Se lee bien en el celularDependeMás o menos
El QR impreso sigue sirviendoFrágil
Aparece en GoogleNoNo
CostoGratisGratisMensual o por venta

Cómo armarlo en diez minutos

Si vas por la tercera, el trabajo real es el contenido, no la tecnología:

  1. Junten lo que ya tienen. La última carta impresa, el PDF, o una foto de la pizarra. Con eso alcanza para arrancar. En kato subís la foto o el PDF y la carga la hace la IA: arma productos, precios y categorías, y vos revisás.
  2. Ordená por cómo se pide, no por cómo cocinás. Lo que más sale, arriba. Nadie scrollea hasta el final para encontrar el café con leche.
  3. Sacale fotos a diez platos, no a los sesenta. Los que más margen te dejan. Una carta con diez fotos buenas vende más que una con sesenta mediocres.
  4. Escribí las descripciones cortas. Dos renglones. La descripción larga la lee nadie.
  5. Publicá y probalo con tu propio celular, parado en una mesa, con la luz que hay a la noche. Ahí se descubren los problemas reales.

Los cinco errores que hacen que el QR termine tapado con cinta

  1. Imprimir el QR chiquito. Menos de 3 cm y los celulares viejos no lo agarran. Ponelo de 4 cm para arriba.
  2. Ponerlo donde no se ve. El mejor lugar es el centro de la mesa, parado. El peor, el mantel individual que se llena de migas.
  3. No decir qué es. Un QR pelado no lo escanea nadie. "Escaneá y mirá la carta" al lado duplica el uso.
  4. Usar un acortador gratuito. Si el servicio cierra o te vence el plan, todos tus QR impresos mueren juntos. Que el QR apunte a tu propio link.
  5. No mirar nunca los números. Cuánta gente lo abre, qué miran, a qué hora. Si tu carta no te dice eso, estás decidiendo a ojo.

Y después del menú, lo que de verdad mueve la aguja

El menú QR resuelve mostrar. El problema más caro de un local no es mostrar: es la fila en la caja, el mozo yendo y viniendo a tomar el pedido, y la mesa que tarda veinte minutos en liberarse porque nadie encuentra quién le cobre.

Ahí es donde el QR deja de ser una carta y pasa a ser tu forma de trabajar: el cliente pide y paga desde el mismo código, la comanda sale sola en la cocina y la plata entra directo a tu cuenta de Mercado Pago. Lo contamos en detalle en cómo cobrar con QR en la mesa.

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